Tecnificación y capacitación, dos elementos claves para producir mejor

La producción de hortalizas en el cinturón verde de Córdoba es una actividad trascendental. Genera una constante mano de obra y permite a los consumidores cordobeses disponer de alimentos de proximidad, frescos y a “precio justo” todos los días de la semana.

En los últimos años, el avance inmobiliario y la falta de planificación urbana produjeron una reducción de la cantidad de hectáreas cosechadas en los márgenes de la ciudad. Paradójicamente, a esto se le sumó una demanda cada vez mayor de alimentos para una población que crece exponencialmente.

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Pero el desafío no termina allí: también se produjo un importante cambio de paradigma en el consumidor final, que no sólo exige alimentos de calidad (color, forma y sabor) sino, por sobre todas las cosas, sanidad e inocuidad. Producir verduras hoy requiere de una capacitación y tecnificación constante por parte del sector.

La Asociación de Productores Hortícolas de Córdoba trabaja incansablemente en esta tarea. Si bien algunos horticultores se encuentran más tecnificados que otros, ninguno ignora la necesidad de actualizarse para permanecer en la actividad.

Mario Velázquez es uno de los productores más tecnificados de la zona noreste del cinturón verde: en su quinta de quince hectáreas posee malla antigranizo y riego por goteo. Sin embargo, desde su experiencia asegura que la inversión debe estar acompañada por la capacitación. “Lo más importante es la especialización de uno para producir con tecnificación. Si logras hacer eso, bueno, todo esto está al alcance de tu mano. Si no estás capacitado, tener media sombra y riego por goteo no te sirve de nada. Tenés tres o cuatro años de aprendizaje”, expresó.

Muchas veces la imposibilidad de instalar estas tecnologías se vincula con su alto costo inicial. Así lo explica Alberto Bugnone, uno de los pocos productores que hace pimientos en invernadero en la zona rural de Río Primero. “Hacer una hectárea de invernadero es un costo impresionante, no es fácil hacerlo. Pero yo no empecé con una hectárea, empecé con ocho naves, con 3.500 metros. Acá en la zona no existía eso, no había nada. Pero yo lo había visto. ¿Y si los otros producían, porque no iba a poder hacerlo yo?”, comentó.

Julio Cesar y Juan Carlos Rossi son hermanos y productores de Villa Esquiú. En mayo de 2017 sufrieron fuertemente el impacto del granizo que por esos días azotó a la ciudad. “Por no haber tenido la malla antigranizo estuvimos 45 días sin ir al mercado por la piedra”, dice Julio Cesar y añade que el próximo verano ya no tendrá este problema por haber realizado la inversión necesaria. “Ahora colocamos la malla, hace unos cinco meses. Por ahora no sabemos cómo responde. Pero uno que está en esto sabe que a la larga es conveniente”. Y agregó: “A lo mejor no te salva un 100%, pero te deja algo para seguir durante algunos días. Todo lo que se haga para tecnificar la producción, tanto las mallas o media sombras, riego por goteo o por aspersión, son cosas muy útiles”.

Javier Mamani, también productor de la zona rural de Río Primero, explica que “hoy para hacer una malla antigranizo necesitas una inversión inicial de mucha plata que uno no tiene. Y en todos los préstamos te piden garantías, trámites con requisitos difíciles de llenar”. Sin embargo, Javier no se desanima: “Nuestro objetivo es sacar un crédito para hacer algo importante. Tenemos que reducir gastos y sacar mercadería de buena calidad”.

En 2004, ante la necesidad de cumplimiento de Buenas Prácticas Agropecuarias por exigencias municipales, la Asociación de Productores contrató con fondos propios a dos ingenieros agrónomos para acompañar la tarea de los productores. Diego Arnedo y Hernán Cottura han realizado un invaluable aporte a la profesionalización del sector, visitando quintas y acompañando las tareas en siembra, cura y cosecha de los cultivos.

“Con los ingenieros tenemos muy buena relación. Siempre vienen al campo y sino le mandamos alguna foto por WhatsApp cuando tienen mucho laburo. Hoy nos estamos perfeccionando constantemente en la aplicación de los productos químicos”, dice Miguel Mamani, hermano de Javier, quien también produce en Río Primero, aunque en otro campo.

Para Mario Velázquez, en la visita de los ingenieros a los campos “empieza la tecnificación” porque en el compartir experiencias hay un valioso aprendizaje para cada productor. “Están codo a codo con el productor, ayudándolo y dándole lo que le hace falta”, expresa.

Pero además, el trabajo de Arnedo y Cottura es el de expandir el conocimiento técnico. “Por ejemplo, cuando una planta está con alguna enfermedad en la quinta ellos vienen y te explican. La controlan y te dicen: ‘ponele tal funguicida, tal insecticida’. Y gracias a eso tenemos mejores resultados”, dice Julio Cesar Rossi.

Estos testimonios demuestran que la capacitación se ha vuelto un eje fundamental de trabajo para que los productores del Cinturón Verde puedan garantizar, cada vez más, alimentos sanos, seguros e inocuos, diversificando además sus sistemas productivos y volviéndolos rentables para permanecer en una actividad de gran importancia para la cultura alimentaria de la sociedad cordobesa.

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