Alberto Bugnone: “Podés tener un invernadero durante años pero siempre vas a estar aprendiendo”

Córdoba, 20 de marzo de 2018

Está orgulloso de su quinta. Y no es para menos: al ingresar al campo uno se encuentra con una hectárea altamente tecnificada, que cuenta con un invernadero compuesto por 30 naves donde se producen pimientos de todo tipo. “Pienso hacer 15 naves más este invierno”, relata Alberto Bugnone con una sonrisa de satisfacción. Es una sonrisa discreta pero convencida. Y, de a ratos, entusiasmada.

La tecnificación le permitió reducir el uso de mano de obra y a su vez optimizar la productividad y rentabilidad del emprendimiento. Para eso realizó una fuerte inversión inicial y trabajó arduamente para costearla. Además de los pimientos de invernadero, produce apio en otra hectárea cubierta con media sombra. Todo mediante riego por goteo.

Vive en la zona rural de Río Primero, ubicada a 50 km de la capital, y comercializa su producción en el Mercado de Abasto de Córdoba dos veces a la semana. Asegura que en este trabajo “hay que ser constante” y se considera un agradecido por la gente que le cruzó la actividad. “Empecé de cero y tuve la suerte de encontrar personas que me enseñaron y nunca me quisieron cobrar un centavo”.

Alberto-Bugnone

 

¿Hace cuánto está en la actividad?

Antes yo producía a campo abierto. El invernadero lo empecé hace quince años, por voluntad propia. Fui a asesorarme a Corrientes, porque de invernadero no sabía nada, ni lo más mínimo. Y ahí conocí gente que me asesoró. Encontré a un ingeniero con el cual nos hicimos amigos y me enseñó todo lo que sé.  Siempre mi ambición fue hacer un invernadero, pero no sabía cómo era. Por eso fui a asesorarme sobre estructuras y manejo. Y así fui aprendiendo.

¿Cómo fue el cambio de producir en campo abierto a invernadero?

Fue muy rotundo. Es un cambio, te diría, de un 80%. Ocupas muchas menos tierras, gastás menos agua y combustible. Y sacas más mercadería de muy buena calidad.

¿Y cuáles son las dificultades?

El problema es que los costos son muy altos. Hacer una hectárea de invernadero es un costo impresionante, no es fácil hacerlo. Pero yo no empecé con una hectárea, empecé con ocho naves, con 3.500 metros. A todo el mundo que viene y me dice: “Quiero hacer invernadero, quiero hacer una o dos hectáreas”, les respondo: “No, vos empezá con ocho naves y ahí ves cómo te va. No te agrandes porque es muy difícil para trabajar”. Si vos estás trabajando a cielo abierto y te pones a trabajar bajo cubierta, tenes que empezar todo de cero. Es totalmente otro aprendizaje. Y hay que conseguir gente que te asesore.

¿Qué representa para usted ser productor hortícola?

Para mí es un orgullo ser agricultor. Empecé de cero y tuve la suerte de encontrar personas que me enseñaron y nunca me quisieron cobrar un centavo. Así hago yo con todos los que vienen a preguntarme. Lo poco que sé, lo enseño de corazón. Pero hay que ser constante en esto, muchos no han aguantado. Se creen que el día sábado es bajar las cortinas del invernadero, irse del pueblo y volver el lunes. No es así. Esto es igual que un tambo: tenés que estar todos los días, de la mañana a la noche.

¿Cómo se imagina en el futuro como productor?

Yo todavía no terminé de aprender, porque en esto siempre sale algo nuevo. Vos podes tener un invernadero veinte años pero siempre vas a estar aprendiendo. Es algo que no te deja de asombrar. Y pienso que esto es el futuro de la agricultura.

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¿Qué cosas son necesarias para sostenerse en la actividad?

Principalmente te tiene que gustar. Si te gusta, de alguna forma vas a poder hacerlo, vas a poder seguir y aguantar. Es como todo trabajo, si haces algo que te está gustando lo vas a hacer con cariño y amor. Pero si haces algo que no te gusta…

Su quinta puede considerarse un ejemplo en cuanto a tecnificación…

Yo me siento orgulloso de lo que hice. ¿Sabés por qué? Porque cuando empecé me trataron de loco. “¿Cómo vas a producir bajo plástico?” me decían. Acá en la zona no existía eso, no había nada. Pero yo lo había visto. ¿Y si los otros producían, porque no iba a poder hacerlo yo? Entonces me animé. Y cada año voy mejorando. Es como te digo: nunca vas a terminar de aprender. Antes movía la tierra todos los años, ahora hace nueve que no la muevo más. Y produzco en mayores cantidades, con menos trabajo.

¿Qué rol cumple la Asociación de Productores Hortícolas en su trabajo?

La Asociación para nosotros es una gran ayuda porque nos da asesoramiento. Además se realizan reuniones donde nos juntamos los productores y cada uno plantea su problema, que tal vez entre todos se puede responder. Yo veo el problema que tiene el otro, los demás ven el mío y sacamos una conclusión. Siempre llegamos a algo bueno, viste. Y aparte tenemos dos técnicos que para nosotros es una gran cosa.

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¿Cuáles son las ventajas de comercializar usted mismo lo que produce?

Las ventajas son muchas, porque como vos comercializas tu producción, vos ponés el precio. Si llevas bueno, lo vendes como bueno. Llevás mediocre, lo vendes como mediocre. Llevas malo, lo vendes como malo. Totalmente diferente a cuando le vendes a un puestero. A lo mejor a un puestero le vendes mercadería de calidad pero no te lo pagan como lo que es. Ahí está la diferencia. No es que esté en contra de los puesteros, pero esa es la diferencia. Cada productor debería vender su mercadería.

Si tuviera que darle un consejo a un futuro productor de invernadero, ¿qué le diría?

Que empiece con poco y que sea constante. No es un trabajo pesado en el que te vas a deslomar trabajando. Pero tenés que estar horas dando vueltas, mirando, haciendo cosas que son livianas pero adentro del invernadero. Si lo trabajás bien, vas a sacar calidad de mercadería y lo vas a vender como corresponde. Pero es un hacha de doble filo. Bien trabajado, es una de las inversiones que se puede pagar en un año y medio. Pero si lo trabajas mal, te puede fundir en ese mismo tiempo.

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